
Ojear un diario, escuchar un boletín o magazín de radio, ver un informativo de televisión son muchas veces actividades redundantes. Los mismos titulares, las mismas imágenes, los mismos mensajes. Ruedas de prensa, notas informativas, convocatorias institucionales llenan los medios. Sucesos repetidos hasta la saciedad con una cobertura calcada mientras otras zonas de la realidad están en sombra.
El periodismo convocado (de agenda, con ritmo y contenidos impuestos por las fuentes y sus gabinetes de prensa) detrae gran parte de los recursos de las redacciones. El periodismo declarativo (de dijo y añadió) convierte las páginas de los diarios en una letanía de letra muerta, oída ya en la televisión y la radio, difundida por internet mucho antes de que los ejemplares lleguen a los kioscos.
Nunca tantos medios han cubierto tan pocos acontecimientos, subrayan muchos estudios. Los nuevos medios todavía producen muy poca información propia. Sólo recientes decisiones como las de The Guardian, The New York Times, Financial Times o The Times de unificar sus redacciones y comenzar a publicar la información en la web sin esperar a las ediciones impresas cambian la tendencia.
La información se libera del soporte.